Reinventar el invernadero

Antonio Cantón

Cuando se cumplen mil años desde que “Jayrán al-Amiri” constituyera el Reino de Almería, y los invernaderos llegan también a cumplir la redonda cifra de 50 años en la actual provincia almeriense, es hora de plantearse una apuesta decidida por una nueva revolución –o reinvención si se quiere utilizar un término más suave- de forma que el modelo económico que supone el invernadero como concepto siga manteniéndose en vanguardia.

Reinventar el invernadero

Antonio Cantón

Cuando se cumplen mil años desde que “Jayrán al-Amiri” constituyera el Reino de Almería, y los invernaderos llegan también a cumplir la redonda cifra de 50 años en la actual provincia almeriense, es hora de plantearse una apuesta decidida por una nueva revolución –o reinvención si se quiere utilizar un término más suave- de forma que el modelo económico que supone el invernadero como concepto siga manteniéndose en vanguardia.

Se da la circunstancia de que coinciden dos fechas de gran importancia para el -al menos de momento- principal centro de producción de hortalizas a nivel europeo y, como concentración de invernaderos, también a nivel mundial.

En la sureña provincia de Almería se conmemora por una parte el que hayan pasado mil años desde que el “alto cargo” de raza eslava del ejército de Almanzor, Jayrán al-Amiri, constituyera el Reino de Almería (Al-Mariyya) en el año 1014, 59 años después de la fundación de la ciudad.

Por otro lado, la provincia celebra los 50 años de la existencia de los invernaderos en Almería como medio para la producción extratemprana de hortalizas, hecho que supuso la gran revolución y progresión económica para esta esquina de la Península Ibérica.

En este quincuagésimo aniversario de los invernaderos en Almería, es conveniente hacer una breve mirada hacia atrás, no para únicamente sentirse satisfechos por lo conseguido, sino fundamentalmente para realizar un análisis autocrítico y poder así tomar un nuevo impulso hacia adelante.

El éxito que supuso el paso del monocultivo de la uva de mesa hacia el invernadero estuvo basado, además de la necesidad ante la falta de rentabilidad del parral, en una potenciación de la agricultura familiar como base estructural. Una alta rentabilidad por metro cuadrado permitió durante un tiempo el mantenimiento de pequeñas unidades productivas, atendidas casi en exclusividad por los miembros de las familias, que en momentos clave de mayor necesidad de mano de obra se complementaban unas a otras con el sistema de “torna peón”. Esta estructura básicamente familiar, con la correspondiente dispersión de las unidades productivas, permitió en una primera fase un desarrollo sólido y progresivo del invernadero como base de la economía almeriense. Sin embargo, los nuevos tiempos han traído nuevos sistemas de venta, con una gran concentración de la demanda dominada por muy pocas cadenas, mientras que el sector productor y comercializador en origen sigue excesivamente atomizado. Aunque se dan pasos en el buen sentido, para la aplicación de las nuevas técnicas que el futuro inmediato nos trae es precisa una mayor concentración, tanto en la producción como en la venta. En los primeros años, la unión de los agricultores formando cooperativas de comercialización fue un gran paso. De ahí pueden surgir nuevas ideas.

Los cambios

La capacidad de adaptación de los agricultores almerienses ha permitido, en estos 50 años, incorporar al sistema productivo grandes cambios y avances, no ya sólo en cuanto a los nuevos cultivos y variedades, sino también en cuanto a las reformas en las estructuras, métodos de cultivos, tecnología de riegos, lucha integrada… Conviene recordar que, por ejemplo, en la provincia de Almería no se podía cultivar el pepino tipo largo (el llamado “holandés” y recientemente “tipo Almería”), y tuvo que ser uno de aquellos pioneros, Antonio Mira, quien trajera unas semillas escondidas en un bolsillo desde Tenerife, de contrabando, para poder realizar las primeras pruebas de este cultivo en la península. Luego vendría la instalación de la primera firma de semillas, Almería de Semillas, S.A. (Almasem), filial de la holandesa Sluis & Groot (actualmente Syngenta), y la extensión del cultivo en las zonas donde el agua de riego tenía una menor conductividad.

Pero hasta la fecha los grandes cambios, aunque muy importantes, se han venido produciendo como reacción a las diferentes situaciones o acontecimientos. Por ejemplo, la extensión del sistema de lucha integrada tuvo su gran impulso a raíz de los graves problemas motivados por la alerta sanitaria declarada por Alemania el día 18 de enero de 2011, a raíz de detectar residuos del pesticida Etefón en un lote de pimiento verde, rojo y amarillo procedente de Almería. La reacción del sector productor fue la de adaptar rápidamente el sistema de lucha integrada para la producción en invernadero lo que, junto a una intensificación de los análisis en origen, permitió no solamente mantener la exportación, sino incrementarla basándose en unos altos niveles de calidad demostrada de las hortalizas.

Sin duda que, aunque los cambios se hayan realizado “a remolque”, lo avanzado ha sido mucho. Pero no nos engañemos. Los pimientos y tomates que necesita el mercado hoy en día los puede producir cualquiera y en cualquier sitio. Tanto en el sur de Rusia, como en China o en los desiertos de la Península Arábiga, los invernaderos se van multiplicando, aparecen como las setas en los bosques del norte.

La complacencia por lo conseguido está bien, pero no se debe perder un solo minuto en ella. Se hace necesario seguir mirando al futuro y plantear nuevos aprovechamientos para los invernaderos, nuevos cultivos y tal vez no solamente de hortalizas, utilización de esa energía que se produce y que se está dejando escapar, con lo que eso podría suponer de ahorro de la factura energética, tan en boga en los últimos tiempos. Simplemente ese aprovechamiento energético podría suponer un ahorro enorme en el gasto que el Estado realiza por la compra al exterior de hidrocarburos.

Reconociendo la labor realizada por centros como la “Estación Experimental Las Palmerillas”, pionera en la investigación agrícola en Almería, es el momento de que entidades financieras como Cajamar y Unicaja, por poner un ejemplo pero también el resto, se unan a la Administración para poner los recursos necesarios que permitan un mayor desarrollo de la investigación y la innovación. No solamente hay que decir que se está al lado del agricultor, sino que hay que demostrarlo anticipándose a las necesidades del futuro. Y la mejor forma de conseguirlo es estando aún más a la vanguardia en la I+D+i. Para que cuando en otros lugares estén produciendo pimientos y tomates, en los invernaderos españoles ya estén tres pasos por delante.

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