Cajamar se olvida del parral

Antonio Cantón

Con motivo de haberse cumplido los 50 años de la construcción del primer invernadero para la producción de hortalizas en la provincia de Almería, la entidad financiera Cajamar ha editado un vídeo sobre la historia de los invernaderos en Almería. Bonito, bien estructurado, hace aflorar los sentimientos por momentos pero, lamentablemente, tiene varias imprecisiones, de entre las que destaca el olvido de la influencia que tuvo el parral en el desarrollo del motor de la economía almeriense: los invernaderos.

Cajamar se olvida del parral

Antonio Cantón

Con motivo de haberse cumplido los 50 años de la construcción del primer invernadero para la producción de hortalizas en la provincia de Almería, la entidad financiera Cajamar ha editado un vídeo sobre la historia de los invernaderos en Almería. Bonito, bien estructurado, hace aflorar los sentimientos por momentos pero, lamentablemente, tiene varias imprecisiones, de entre las que destaca el olvido de la influencia que tuvo el parral en el desarrollo del motor de la economía almeriense: los invernaderos.

La influencia del parral en los invernaderos almerienses se puede ver claramente en el propio nombre que tomaron estos abrigos de plástico: “invernadero tipo parral”.

La colaboración del parral en el nacimiento de los invernaderos no se debe solamente al empuje basado en el aprovechamiento de las estructuras (parrales) dedicadas al cultivo de la uva de mesa tras su declive y casi desaparición, obligada por el cambio del barco por otros medios de transporte más rápidos, que a su vez hicieron posible la sustitución por otras variedades de la uva “Ohanes” (que aguantaba largos viajes en barco), sino que los primeros invernaderos que se hicieron eran simplemente una copia de los parrales uveros, con un tejido añadido para sujetar el plástico. Y los primeros constructores eran las cuadrillas de “alambradores” que construían o reparaban los parrales uveros.

Es cierto que el enarenado es una de las patas importantes en la consecución del invernadero en Almería, pero la otra, y no menos importante, es el parral. Sin él, y con los vientos reinantes en las zonas en que se desarrolló, hubiera sido impensable.

Pero hay más. En el vídeo se insiste como lema de inicio en que “no había nada”. Y se muestra al antiguo Instituto Nacional de Colonización (INC), posteriormente transformado en el Instituto para la Reforma y el Desarrollo Agrario (IRYDA), como prácticamente el que implantó la técnica del enarenado en Almería. Nada más lejos de la realidad.

Ya a finales del siglo XIX se cultivaban hortalizas en las zonas costeras almerienses, no para el propio consumo, sino para su venta y comercialización. Y, por otro lado, en los albores del siglo XX los parrales comenzaron a extenderse desde Berja y Dalías por la zona de El Ejido, ocupando cañadas y derramaderos, sobre todo desde que en 1920 se instalara en un pozo hecho a mano el primer motor eléctrico, que impulsa a otros particulares a excavar más pozos, con energía procedente de la estación de “Fuentes de Marbella” (Berja).

Posteriormente la extensión del parral se incrementó con la llegada del Canal de San Fernando que, procedente del Río Adra llegaba hasta Las Norias-Mojonera y de su posterior estación elevadora de “Cuesta Alacranes”, que permitió aumentar la cota de riego. Y, sobre todo, con la llegada de la compañía Fuerzas Motrices Valle Lecrín (FMVL), que extendió la red eléctrica e incrementó la construcción de nuevos pozos que permitieron aumentar los regadíos.

Los tomates “cuarenteno” y “muchamiel” ya se cultivaban en tierra en los años 40 con dos cultivos al año (otoño y primavera), antes de la extensión de los enarenados.

También olvida el vídeo el cultivo del algodón que, impulsado por la “Industria Malagueña”, tuvo una gran importancia desde 1942 hasta mediados de la década de los 50, fecha en que perdió su rentabilidad por una disposición oficial que obligaba a quemar las plantaciones.

Otro cultivo que tuvo importancia en los años 50 y hasta principios de los 60 fue la remolacha azucarera, cultivada en zonas del Poniente almeriense. Aunque es cierto que había grandes extensiones secarral, no es totalmente exacto decir que “no había nada”, porque había agricultura en Almería.

Aún consciente de la imposibilidad de dar cabida a todos los integrantes del "gran cambio", sí se echó de menos alguna referencia a aquel grupo de jóvenes incorformistas, casi revolucionarios que, abandonando la cooperativa Frusol fundaron Ejidomar y, no satisfechos con la exportación a Perpiñán, abrieron nuevos mercados en Europa, llegando en aquellas fechas incluso a Canadá. O a grandes personajes que asesoraron tanto en las técnicas de mercado como, entre otros, Enrique Fluviá (Perpiñán) o el desaparecido Martin Boers (Holanda). Tanto los unos como los otros jugaron un papel muy importante en el desarrollo comercializador y acceso a nuevos mercados de la hortaliza almeriense.

El enarenado

Efectivamente, como muestra el vídeo de Cajamar, el INC impulsó la extensión del enarenado, pero no fue su promotor. En la zona de El Pozuelo – La Rábita, en la costa granadina, ya se tiene conocimiento de la utilización de la arena alrededor de cada planta para incrementar su producción… desde 1880. Incluso hay una bonita leyenda sobre el descubrimiento de la influencia de la arena, que incluye el trabajo de las hormigas. Y, en esa misma zona, ya en 1920 se construyen las primeras parcelas con una capa de arena sobre un suelo labrado y estercolado.

Hacia 1945 los enarenados se extienden por la zona de Carchuna y llegan a la provincia de Almería estableciéndose en Balerma y Balanegra.

Todo esto fue antes de que en 1953, mediante un decreto, se aprobara el Plan General de Transformación en Regadío de 1.760 hectáreas por el INC, aprovechando el agua de los pozos alumbrados en la zona de Aguadulce y, en 1957, tras comprobar los técnicos de “Colonización” las ventajas de los enarenados de Balerma y Balanegra, el citado organismo inicia el enarenado de 40 parcelas de 0,5 hectáreas cada una, en Roquetas de Mar, con un crédito de un millón de pesetas aprobado por la Dirección General de Colonización. De aquellas 20 hectáreas se pasó a que en 1963 ya se superaran las 3.000 hectáreas de enarenado, que en 1974 pasaban de las 1.700 hectáreas.

Y todo esto dio lugar a que aquellos 100 metros cuadrados que el INC, bajo el control de “Paco el Piloto” puso en marcha en la parcela piloto número 24 del sector I, pasaran a ser 2.500 metros cuadrados en 1965, 30 hectáreas en 1968, iniciando el despegue con las 1.114 hectáreas de 1971, las 8.250 de 1981, las más de 18.000 de de 1991, hasta llegar a las 28.576 hectáreas de invernadero en 2013. Un gran desarrollo gracias al enarenado, pero también al parral. 

Pulsando aquí puede ver el vídeo de Cajamar sobre los 50 años de invernaderos en Almería

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