La FAO explica
que la crisis avanza por fases encadenadas: primero energía, después
fertilizantes y semillas, seguidamente menores rendimientos agrícolas,
encarecimiento de las materias primas básicas y, por último, una espiral de
inflación alimentaria
Hortoinfo.- 20/05/2026
El cierre del estrecho
de Ormuz no supone una simple pausa en el tráfico marítimo internacional, sino
que marca el arranque de una crisis agroalimentaria de carácter sistémico que,
según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO), podría traducirse en fuertes incrementos de los precios de los alimentos
en un horizonte de entre seis y doce meses.
“El impacto ya es
visible”, subraya la organización, que recuerda que su Índice de Precios de los
Alimentos, indicador que mide las variaciones mensuales de las cotizaciones
internacionales de una cesta de productos alimentarios comercializados
mundialmente, encadenó en abril su tercer avance consecutivo, impulsado por el
encarecimiento de la energía y las disrupciones derivadas del conflicto en
Oriente Próximo.
La FAO explica que la
crisis avanza por fases encadenadas: primero energía, después fertilizantes y
semillas, seguidamente menores rendimientos agrícolas, encarecimiento de las
materias primas básicas y, por último, una espiral de inflación alimentaria. A
ello se suma el riesgo de que la llegada de “El Niño” agrave aún más el
escenario, al provocar sequías y alterar los patrones de lluvia y temperatura
en múltiples zonas del planeta.
Para evitar que este
escenario se materialice, el organismo multilateral insiste en la urgencia de
habilitar rutas comerciales alternativas, tanto por tierra como por mar,
reducir las restricciones a las exportaciones, salvaguardar los corredores
humanitarios y constituir reservas que permitan amortiguar el aumento de los
costes logísticos.
En esta línea, el
economista jefe de la FAO, Máximo Torero, sostiene que ha llegado el momento de
“empezar a pensar seriamente en cómo aumentar la capacidad de absorción de los
países, cómo incrementar su resiliencia ante este bloqueo, para así minimizar
los posibles impactos”.
Según Torero, este
esfuerzo pasa por explorar “la intervención de los gobiernos, las
organizaciones financieras internacionales, el sector privado, los organismos
de la ONU y otros centros de investigación para ayudar a los países a afrontar
mejor la situación actual”.
Recomendaciones
a corto plazo
Ante la tensión generada
en el estrecho de Ormuz, la FAO plantea un paquete de actuaciones inmediatas.
Entre ellas, asegurar con rapidez corredores alternativos, tanto terrestres
como marítimos, que, aunque no eliminarán la magnitud del problema de suministro,
contribuirán a aliviarlo parcialmente.
La organización también
llama a evitar nuevas restricciones a la exportación, en especial de energía,
fertilizantes e insumos agrícolas, y a excluir la ayuda alimentaria de
cualquier tipo de barrera comercial. Además, defiende impulsar el cultivo
intercalado (cereales + leguminosas) para disminuir la dependencia de
fertilizantes nitrogenados y poner en marcha programas de protección social.
Otra de sus advertencias
es no recurrir a subsidios generalizados, ya que generan fuertes tensiones
sobre las cuentas públicas y suelen tener efectos regresivos. En su lugar, la
FAO apuesta por ayudas focalizadas a los colectivos más vulnerables, apoyadas
en registros digitales que permitan canalizar con precisión la asistencia hacia
hogares rurales en riesgo y pequeños agricultores, con especial atención a
África.
Medidas de
medio plazo
En un horizonte
intermedio, la FAO recomienda contener el aumento de la demanda de
biocombustibles en periodos de escasez, para reducir la competencia entre
alimentos y energía, y garantizar que las políticas energéticas no agraven las
crisis alimentarias. Paralelamente, propone ampliar el acceso a financiación
asequible para el sector agrario, mediante líneas de crédito dirigidas a pymes,
microempresas y otros actores de la cadena de valor.
Estrategia a
largo plazo
De cara al largo plazo,
el organismo de la ONU defiende diversificar puertos, corredores,
infraestructuras de almacenamiento y sistemas logísticos a escala global, con
el objetivo de minimizar el riesgo de futuros cuellos de botella. También aboga
por crear reservas regionales y reforzar la capacidad de almacenamiento para
mejorar la capacidad de absorción frente a choques venideros.
Asimismo, la FAO ve
prioritario fortalecer la resiliencia de las redes de transporte nacionales e
internacionales y aprovechar financiación en condiciones favorables para
acelerar la diversificación de la matriz energética. Entre las medidas, destaca
la expansión del riego sustituyendo el diésel por sistemas eléctricos y
solares, especialmente en las explotaciones de regadío.
El organismo sugiere,
además, extender el uso de maquinaria electrificada, drones y tecnologías de
agricultura de precisión; mejorar la eficiencia productiva mediante el mapeo
detallado de suelos para recortar el desperdicio de fertilizantes; y poner en marcha
fondos de innovación destinados a impulsar el desarrollo de amoníaco verde,
bioestimulantes, nuevas genéticas de cultivos y tecnologías que optimicen el
uso de nutrientes.



