El trabajo
realizado por investigadores andaluces, financiado por la Consejería de
Universidad y liderado por la UMA y el IHSM La Mayora, permitirá desarrollar
variedades más resistentes y con menor coste
Hortoinfo.- 25/05/2026
La Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de
Andalucía, ha financiado un proyecto de investigación impulsado por la
Universidad de Málaga y el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y
Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM-UMA-CSIC), que ha identificado los factores
genéticos y ambientales que determinan el sabor y la calidad de la fresa
dependiendo de la zona de cultivo.
Este avance permitirá usar marcadores moleculares en programas de mejora
asistida, así como identificar dianas para el desarrollo de nuevas variedades
adaptadas al cambio climático con un coste menor y tiempos más reducidos.
El estudio, realizado simultáneamente en cinco países europeos —Noruega,
Francia, Italia, Polonia y Alemania—, revela que el entorno y su interacción
con el cultivo son factores clave en el desarrollo y crecimiento del fruto. En
este sentido, el equipo de investigación demostró que los cultivos se comportan
de forma diferente según el entorno, el método de producción y la propia
genética del fruto, así como la interacción entre estas variables. Así lo
explican en las conclusiones de este trabajo titulado ‘Cultivar-by-environment
interactions shape strawberry fruit quality: A multi-omics approach across
European climates’ y publicado en la revista Food Chemistry.
De esta forma, se apunta que el clima cálido y las altas temperaturas
aceleran la maduración y acortan el desarrollo del fruto, aumentando la acidez.
En cambio, las temperaturas suaves favorecen la acumulación de azúcares y
compuestos aromáticos, mejorando el sabor de la fresa.
Además, según los expertos, el entorno del cultivo (condiciones
ambientales y tipo de cultivo) modifica hasta el 30% del perfil metabolómico de
la fresa, es decir, el inventario de todas las moléculas pequeñas que se
encuentran en una célula. A su vez, la interacción entre genética y entorno
presentó cambios que rozan el 18% de este índice. Por el contrario, el efecto
de la fecha de cosecha por sí solo y su interacción con los factores del
cultivar y el entorno apenas afectan a la variabilidad del sabor y el aroma de
las fresas, cifrado en menos del 5%.
Cuatro variedades de fresas, cinco países diferentes
Para obtener estos resultados, el equipo analizó cuatro variedades de
fresas -Clery, Frida, Gariguette y Sonata- cultivadas en espacios diferentes.
Por un lado, en campo abierto en tierras de Noruega, Alemania y Polonia; y por
otro, en túneles de polietileno ubicados en zonas de cultivo en Italia y
Francia.
En todas ellas aplicaron técnicas que miden conjuntos masivos de
información biológica molecular, desde el ADN y el ARN hasta los metabolitos,
que son la expresión química final del genoma del fruto. También emplearon
modelos matemáticos avanzados y análisis multivariante que sientan las bases
para futuros modelos de aprendizaje automático e inteligencia artificial
aplicados a la mejora vegetal. «Esta combinación nos ha permitido integrar
grandes volúmenes de datos biológicos y predecir el comportamiento de la fruta
en distintos escenarios climáticos», explica a la Fundación Descubre José
G. Vallarino, investigador del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y
Mediterránea ‘La Mayora’ y uno de los autores del estudio.
Complejidad genética de las fresas
La fresa cultivada es una especie octoploide; es decir, contiene ocho
copias de su genoma, a diferencia de otras plantas modelo más estudiadas y
genéticamente más sencillas como el tomate o Arabidopsis. Esta característica
dificulta su estudio y su mejora genética.
Para manejar la enorme cantidad de variables que generan los análisis
genéticos y químicos del fruto, los investigadores aplicaron la prueba
PERMANOVA, una técnica estadística que permite identificar diferencias
significativas entre grupos de muestras considerando múltiples variables a la
vez. «El volumen de datos con el que trabajamos es masivo. Hablamos de
gigabytes y terabytes de información del perfil genético de la fresa, que con
el uso de tecnologías avanzadas nos permite superar estas limitaciones», comenta
Patricia Pacheco, investigadora especializada en biotecnología vegetal de la
Universidad de Málaga y una de las autoras del estudio.
En concreto, entre los compuestos clave identificados que se mantienen
estables en los diferentes entornos estudiados, destacan la sacarosa, el
linalol y la γ-decalactona, responsables del aroma y el sabor de la fresa.
«Estas moléculas influyen en el metabolismo de compuestos importantes de
este fruto ligados directamente con su perfil sensorial, su olor y su gusto»,
detalla Sonia Osorio, experta de la Universidad de Málaga y coautora de este
trabajo de investigación.
En este contexto, los investigadores subrayan la necesidad de
desarrollar variedades que combinen calidad sensorial, estabilidad y adaptación
a distintos sistemas productivos. «El hecho de que las variedades no se
comporten igual en distintos ecosistemas nos proporciona información clave para
acelerar la mejora vegetal. El desarrollo de una nueva variedad de fresa por
métodos clásicos lleva entre 8 y 12 años; con selección asistida por marcadores
moleculares y tecnologías actuales como la edición de genomas, este plazo puede
reducirse a 2-4 años, ahorrando además costes a los agricultores», destaca
el equipo investigador.
Nuevas vías de estudio
Tras estos resultados, los expertos trabajan en la medición de los
compuestos volátiles que emite el fruto. El objetivo es potenciar no solo la
parte visual, sino también la parte sensorial y hedónica de la fresa,
principales características más allá de las físicas que atrae al consumidor a
través de la experiencia de consumo. «Aplicamos la ciencia para ofrecer al
consumidor fresas de mayor calidad, más aromáticas y adaptadas a los desafíos
del cambio climático», apunta Vallarino.
Este trabajo, además de contar con financiación de la Consejería de
Universidad, ha sido sufragado con el programa de Investigación e Innovación
Horizonte 2020 de la Unión Europea y el Ministerio de Ciencia, Innovación y
Universidades.



