Investigadores del
Centro de Automática y Robótica, centro mixto del CSIC y la Universidad
Politécnica de Madrid, diseñan proyectos tecnológicos basados en inteligencia
artificial y robótica para solucionar retos socioeconómicos como los de la
agricultura
Hortoinfo.- 01/06/2026
Un grupo de
investigadores del Centro de Automática y Robótica (CAR), un centro mixto del
CSIC y de la Universidad Politécnica de Madrid, están diseñando proyectos
tecnológicos basados en inteligencia artificial y robótica para solucionar
retos socioeconómicos como los de la agricultura, un sector estratégico
altamente diversificado.
Detectar plagas y
problemas de riego, aplicar tratamientos fitosanitarios selectivos o ayudar a
los operarios a cargar y trasladar la fruta, son solo algunas de las tareas que
los robots y vehículos autónomos pueden asumir para que la agricultura sea más
tecnológica y rentable.
España, que cuenta con
más de 23 millones de hectáreas de superficie agraria útil (casi la mitad del
terreno nacional), se ha consolidado como una potencia agroalimentaria de la
Unión Europea (es el segundo país exportador de Europa).
Y aunque la agricultura
familiar sigue siendo mayoritaria con casi el 70 por ciento de la superficie
agraria, el sector se ha ido transformando y cuenta ya con numerosas
explotaciones de tamaño medio, como invernaderos y cultivos de frutas,
hortalizas o viñedos, que «en su mayoría están altamente
tecnificadas», ha explicado a la agencia de noticias EFE la investigadora
principal del Grupo de Percepción Artificial del CAR, Ángela Ribeiro.
En el actual contexto de
cambio climático, todas las explotaciones afrontarán las mismas amenazas: la
sequía, la desertificación y las plagas, que ya están poniendo en riesgo los
cultivos y exigen la modernización agrícola.
Vehículo
autónomo para inspeccionar cultivos
Buscar soluciones
basadas en la inteligencia artificial y la robótica, es uno de los objetivos
del Centro de Automática y Robótica (CAR). Uno de los prototipos desarrollados
en este centro de investigación público es un coche autónomo equipado con
sensores, que se mueve de forma totalmente autónoma y segura y que revisa el
cultivo siguiendo una ruta previamente planificada.
El vehículo, equipado
con sensores y un GPS (Sistema de Posicionamiento Global o Global Positioning
System en inglés) de gran precisión, monitoriza los cultivos en función de las
necesidades del agricultor o la explotación, en busca de problemas que pongan
en riesgo una zona como un fallo del sistema de riego o una plaga.
Este prototipo,
desarrollado a partir de un Renault Twizy, sigue una ruta específica para hacer
la cobertura de las distintas zonas de un cultivo y detectar problemas y, para
ello, «toma imágenes georreferenciadas que se analizan en el propio ordenador
del coche o que van a la nube a través de telefonía móvil con las coordenadas
exactas del lugar en el que hay que arreglar el riego o aplicar un tratamiento
específico y localizado», explica Ángela Ribeiro.
De esta manera, no solo
es posible controlar la explotación sin necesidad de estar paseándose por el
cultivo, sino que además puede vigilar condiciones específicas, en función de
la época, de las condiciones meteorológicas o de amenazas concretas que son
detectadas por la inteligencia artificial.
El vehículo, que se ha
probado en el campo y está preparado para sortear obstáculos, está listo para
comercializarse con un coste «bastante asumible» (unos 15.000 euros,
según los sensores que lleve instalados) y «permite vigilar toda una explotación
agrícola de manera eficaz y altamente especializada», destaca la
responsable del CAR.
El robot
para la vendimia
El CAR además cuenta con
otro prototipo, un robot autónomo parecido a un rover de exploración
planetaria, que sigue al operario en la recogida de la fruta y que aligera
enormemente las dificultades del trabajo físico. «La parte que requiere
más esfuerzo recae en el robot, que se encarga del transporte de la caja donde
se deposita el producto cosechado ahorrándole muchos esfuerzos al
trabajador».
Con él, ya no hace falta
que el trabajador tenga ciertas condiciones físicas, sino que sepa hacer una
recogida selectiva adecuada, algo que un robot no puede hacer eficazmente en
todos los casos «porque hay aspectos de la maduración de una fruta (el
color y el aroma) que implican varios sentidos, así como una manipulación
cuidadosa del futuro, habilidades que tiene el ser humano y que las máquinas no
pueden sustituir actualmente».
«La idea no es
reemplazar la mano de obra humana, sino ayudar a que su trabajo sea más liviano
y especializado», subraya.
Pero a diferencia del
vehículo autónomo que tienen un coste asumible, estos robots pueden costar
entre 15.000 y 30.000 euros cada uno pero, además, hace falta tener una flota y
eso «ya deja de ser rentable», al menos en los primeros años.
Ribeiro cree que una
posible solución sería crear una filial del CSIC que proporcionaría la flota de
robots en alquiler a los agricultores «igual que ahora alquilan
cosechadoras», explica la investigadora.
Los retos
del futuro
Para los próximos años,
los retos del CAR en los robots de ayuda a la vendimia es lograr «que
trabajen de forma fiable en entornos agrícolas reales, donde el terreno es
irregular, las condiciones de luz y clima cambian mucho, y la vegetación
dificulta la percepción y navegación autónoma».
Otro reto es trabajar en
la interacción segura y eficiente con las personas durante la recolección,
añade.
En los vehículos
autónomos Twizy, sin embargo, el principal desafío es lograr una navegación
autónoma robusta en caminos agrícolas donde «muchas veces no hay
referencias claras, GPS fiable o mapas precisos».
Asimismo, «es clave conseguir que los sistemas de percepción puedan detectar correctamente el estado de los cultivos, las distintas plagas y adaptarse a distintas condiciones ambientales y tipos de explotación agrícola», concluye.



