La RAIF recuerda las
temperaturas aún permiten un desarrollo activo de las plagas, por lo que la
vigilancia debe ser máxima, especialmente sobre Thrips parvispinus, pulgones, mosca
blanca, Tuta absoluta, vasates
Hortoinfo.- 13/10/2026
La Red de Alerta e
Información Fitosanitaria (RAIF) de Andalucía avisa a los productores de
hortaliza sen invernadero que con las temperaturas actuales las plagas
mantienen un desarrollo activo, por lo que la vigilancia debe ser máxima.
Indican que la Gestión
Integrada de Plagas en los invernaderos durante el otoño debe concebirse como
un proceso continuo, que combina prevención, vigilancia, control biológico,
manejo climático y uso responsable de herramientas químicas, enmarcado en una
normativa que persigue una agricultura sostenible y respetuosa con el medio
ambiente.
En pimiento, Thrips
parvispinus adquiere especial relevancia porque coincide con su periodo de
máximo poblacional; en tomate conviene vigilar mosca blanca, Tuta absoluta,
vasates y araña roja; y en cucurbitáceas, trips, mosca blanca y pulgones.
Recuerdan desde la RAIF
que es también el momento crítico para el establecimiento de los enemigos
naturales liberados al inicio del cultivo, ya que las condiciones suaves de humedad
y temperatura favorecen su instalación. La detección temprana mediante el
monitoreo sistemático y las trampas cromáticas resulta esencial para intervenir
antes de que las poblaciones alcancen niveles problemáticos.
Alerta sobre
las enfermedades fúngicas
En noviembre, el
descenso progresivo de las temperaturas ralentiza el desarrollo de algunas
plagas, como Tuta absoluta, cuyas poblaciones disminuyen notablemente durante
los meses invernales, pero este mismo descenso térmico puede favorecer la
aparición de enfermedades fúngicas como oídio, mildiu o podredumbre gris,
especialmente en tomate. La humedad relativa aumenta al reducirse la
ventilación para conservar temperatura, por lo que el manejo climático debe
coordinarse con el fitosanitario: ventilar cuando las condiciones lo permitan,
evitar condensaciones prolongadas, ajustar riegos y mantener una cubierta
vegetal equilibrada. El objetivo no es aumentar la humedad de forma artificial
para combatir ácaros, sino evitar situaciones extremas y favorecer un ambiente
compatible con el cultivo y la fauna auxiliar. Es en este mes cuando la
coordinación entre explotaciones vecinas cobra mayor importancia, ya que las
poblaciones que persisten al cierre de un cultivo pueden afectar a los
invernaderos próximos y al cultivo siguiente.
En diciembre, las
temperaturas más bajas limitan aún más el desarrollo de las plagas, pero no lo
detienen por completo, especialmente en el microclima del invernadero, que
presenta gran heterogeneidad según la orientación, la cercanía a puertas o el
desarrollo vegetativo. La observación por sectores resulta más útil que basarse
en una media global de toda la explotación.
Hermeticidad
del invernadero
La experiencia del
sector demuestra que el control biológico, cuando se implementa correctamente,
mantiene las poblaciones en niveles muy bajos incluso durante los meses más
desfavorables. La primera línea de defensa es la hermeticidad del invernadero.
Se deben instalar mallas en aperturas laterales, cumbreras y puertas, con una
densidad mínima de 10×20 hilos por centímetro cuadrado, e inspeccionarlas
periódicamente, sobre todo las que dan a los vientos dominantes. En las
entradas conviene instalar doble puerta o puerta y malla con la misma densidad
que la exterior, y revisar el plástico para detectar rotos. La eliminación de
malas hierbas y restos de cultivo evita reservorios, no se deben intercalar
cultivos dentro de la misma parcela y la planta debe proceder de viveros
autorizados conservando el pasaporte fitosanitario.
Limpieza
Al final del ciclo, los
restos de poda deben retirarse y destruirse; en el caso de Thrips parvispinus,
la gestión de restos vegetales al arrancar un cultivo afectado es especialmente
importante para evitar su dispersión. La limpieza de herramientas, guantes y
utensilios es esencial, sobre todo en cultivos afectados por virosis, y en el
caso de la araña roja, la eliminación de corregüela y malvas, que actúan como
reservorios, constituye una medida adicional relevante.
Control
biológico es más que soltar insectos
El control biológico es
la herramienta central de la estrategia, pero no debe confundirse con la simple
liberación de insectos. Para que funcione, los organismos de control deben
introducirse en el momento adecuado, con condiciones ambientales compatibles y
aplicaciones fitosanitarias selectivas. Más allá de las sueltas, el control
biológico por conservación mediante setos y plantas refugio ofrece recursos a
los enemigos naturales durante todo el año. El IFAPA ha evaluado 29 especies
vegetales de 18 familias botánicas, priorizando plantas autóctonas, sin
hospedaje de virus vegetales, con provisión de néctar y polen y floración
solapada que forma una “cascada de flores”. Especies como romero, lavanda,
tomillo, mirto, bufalaga marina y palmito autóctono favorecen la presencia de
depredadores y parasitoides. Los diseños de plantación abarcan desde tapizantes
de menos de 40 centímetros hasta corredores verdes de hasta 4 metros,
combinando especies para crear estructuras que ofrezcan refugio y alimento
durante todo el año, y se relacionan con ayudas agroambientales destinadas a
favorecer servicios ecosistémicos, como la polinización, y a contribuir a la
recuperación y conservación de la biodiversidad.
La salud de
la planta
La nutrición equilibrada
también influye en la susceptibilidad. Un exceso de nitrógeno favorece un
crecimiento excesivamente tierno y atractivo para plagas como pulgones y mosca
blanca, mientras que el estrés hídrico o nutricional debilita la capacidad de respuesta
de la planta. La rotación de cultivos contribuye a interrumpir los ciclos de
las plagas, y el estiércol, si se utiliza, debe estar bien fermentado y libre
de plagas.
Tratamientos
químicos
El tratamiento químico
debe ocupar el último escalón y no convertirse en la primera respuesta ante
cualquier detección. Cuando sea necesario intervenir, debe seleccionarse un
producto autorizado para el cultivo, la plaga y el sistema de producción, respetando
las dosis, el número máximo de aplicaciones, los plazos de seguridad y las
restricciones específicas de la Producción Integrada. Resulta esencial alternar
modos de acción para evitar la selección de poblaciones resistentes. Los
productos fitosanitarios utilizados deberán estar autorizados para este uso y
registrados en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación.
El seguimiento debe
apoyarse en un sistema de registro que permita comparar semanas, detectar
tendencias y relacionar los tratamientos con la evolución real de la población.
La RAIF, como herramienta de información semanal, y los protocolos de campo de
la Producción Integrada proporcionan el marco de referencia necesario. La
decisión de intervenir no se basa en encontrar un individuo, sino en valorar la
combinación de densidad, distribución, estado del cultivo, riesgo de daño,
presencia de enemigos naturales y condiciones ambientales.
El éxito de este modelo depende de la formación y concienciación de agricultores y técnicos, en una transición desde la concepción simplificada de “plaga-pesticida” hacia un modelo de “plaga-enemigo natural” que requiere conocimientos prácticos de campo y una comprensión integrada del agrosistema. En definitiva, el objetivo no es eliminar completamente todos los insectos del invernadero, sino impedir que los organismos nocivos alcancen niveles capaces de comprometer la producción, manteniendo el equilibrio biológico y la rentabilidad del cultivo.


